En comparación, los procesadores actuales pueden ejecutar miles de millones de operaciones por segundo y cuentan con múltiples núcleos.
Los procesadores antiguos usaban tecnologías de fabricación mucho más grandes, con transistores que medían micrómetros en lugar de nanómetros, lo que los hacía físicamente más grandes y menos eficientes en consumo energético.
Estos primeros procesadores marcaron el inicio de la era digital, permitiendo la creación de computadoras personales y el desarrollo acelerado de la informática.
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